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Recaudadores silenciosos - Invierno 2009
No tienen que presentarse a concurso, pasar por difíciles pruebas físicas ni estudiar idiomas; no cotizan a la Seguridad Social; su labor es silenciosa, sin pautas, horarios ni descansos: los radares que cubren la geografía vial de España son los recaudadores más valiosos para la Hacienda Pública.

Los argumentos que mantiene la DGT, afirmando que lo recaudado no es para ellos y que su único interés consiste en salvar vidas aumentando la seguridad vial, no son sostenibles y sólo pretenden resolver por la vía rápida una pequeña parte del problema. La DGT cuenta con elementos de juicio necesarios para saber que los caminos que llevan a hacer homologable nuestra seguridad vial futura en los países más avanzados de Europa no pasan ni se resuelven con un aluvión de medidas improvisadas.

Algunas cosas se han conseguido... El nombramiento de un fiscal dedicado a delitos de tráfico y el endurecimiento de la ley penal sobre esa materia era algo que estaba necesitando a voces el sistema para los que infringen las normas. El otro aspecto positivo de la DGT es su insistencia en hacer campañas sobre el uso del cinturón de seguridad y, ante todo, el control de la alcoholemia. Incidir en ambos casos empieza a ser un logro muy importante. Sólo falta conseguir que los infractores no circulen con el miedo a ser sancionados, sino que una educación vial efectiva inculque que las normas hay que respetarlas no sólo para que no nos sancionen. Y eso sí que requiere tiempo, inversiones y voluntad política.

En lo que la DGT se equivoca es en su abusivo poder represivo y recaudatorio justificándolo con el exceso de velocidad y con la presencia de radares en lugares en los que la velocidad representa una mínima parte del número de accidentes.

Se puede argüir que, a partir de cierta velocidad, el aumento progresivo de la gravedad de los daños tiene mucho que ver con la velocidad a la que se producen. También se puede afirmar que la capacidad de reacción de los conductores disminuye a medida que aumenta la velocidad. Pero, en modo alguno, ese riesgo aumenta cuando un conductor rebasa en un kilómetro la velocidad establecida... en muchas ocasiones en lugares absurdos que más parecen trampas que medidas de seguridad.

Si los que han legislado a favor del sistema supieran cómo funciona un automóvil, sabrían que ni siquiera con un control automático se puede circular en todo momento dentro de la limitación específica en cada tramo de la vía.

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